La siguiente historia que procedo a relatar me ocurrió hace
poco más de dos meses. La historia es la siguiente:
Tengo 31 años, soy soltero y vivo solo en una casa en la ciudad de Rancagua, de
la cual pago sagradamente sus dividendos. Gozo de una situación económica
tranquila ya que afortunadamente tengo un buen trabajo, lo que me permite darme
algunos gustos.
La condición de soltería que tengo me otorga muchas libertades, pero también
tengo que pagar algunos costos.
Estos costos se refieren a que no cocino y cuando lo intento, se me quema hasta
el pan con jamón. Me complica el lavado de ropa, el planchado y el aseo en
general. Definitivamente, en lo que a labores domésticas se refiere, soy un
desastre.
Pues bien, no hace mucho por esas cosas de la vida me hice “conocido” de una
vecina del barrio donde vivo. Ella, una mujer mayor, 58 años para ser
exactos,vivía con su pareja en una casa de propiedad de ella en el mismo barrio
en el
que yo vivo.
Y digo vivía, porque la situación de esta señora ha cambiado. Oriunda de
Concepción, está separada del que es el padre de sus dos hijos, uno incluso
mayor que yo, desde hace ya casi 20 años.
Llegó por estas latitudes a la siga del que hasta hace poco era su pareja. Un
verdadero caballero, muy agradable. Por desgracia, como algo he anticipado, la
situación cambió y ellos están separados. Desgracia para el. Fortuna para mi.
La verdad es que, desde que conocí a esa mujer que quedé, no enamorado, sino
que caliente con ella. Debo reconocer que más de alguna vez me tiré una “buena
paja” pensando en ella, ya que estoy sin “polola” desde enero.
¿Pero qué es lo que me excitaba de ella?: Su figura y su manera de ser. Su
apariencia es muy calentona y no es para nada fea. Su pelo es de un color dorado
precioso, ojos color miel, un poto sensacional y grande y un par de tetas
espectaculares. Además, su forma de vestir es bastante sexy y su forma de ser
muy sensual, que a veces me parecía, cuando hablaba con ella, que se me
insinuaba.
Pero lo que más resaltaba y resalta, por cierto, es su altura. Mide cerca del
1,80 m. Yo apenas mido 1,70 m. Es un verdadero “pedazo de bestia”.
Con respecto a la edad, bueno es cierto que alguien podría decir que está
bastante vieja, otros que no. La verdad es que el físico que ella tiene, a uno
lo hace caerse. Cuando me contó acerca de su edad, yo no le creí. Realmente,
está de comerla. Y chuparla toda también.
Se ve una mujer mayor, pero definitivamente no de 58 años. Se conserva muy
bien. Hay que verla para creerlo.
Además, el “tirarse” una mujer mayor y con experiencia, es algo por lo que
muchos se sienten atraídos, entre los que me cuento.
Bueno como les decía, la relación con su última pareja finalizó. Por lo que
ella me contó, la razón del quiebre fueron los celos de el. Y no es para
menos. Si entre los dos eran una pareja dispareja. El no era para ella, dijo el
“picao”.
Cuando eso ocurrió, por motivos económicos ella lamentablemente tenía que
irse a vivir con uno de sus hijos que vive en Concepción, en la casa que es de
ella y esta otra arrendarla. Esta situación, me la comunicó cuando se fue a
despedir.
Me faltó poco para caer desfallecido, pero ahí se me ocurrió una idea que fue
brillante, por el resultado que tuvo.
Consiente yo, de mis problemas con el servicio doméstico en mi casa y conocedor
de la situación de mi “amiga”, le propuse trabajar en mi casa como mi “nana
puertas afuera”. Como dije en un comienzo, la situación económica por la que
paso, me permite darme algunos gustos y definitivamente por “darme ese gusto”,
estaba dispuesto a jugármela.
Lo que le ofrecí era más que lo que ella paga por el dividendo, además que
tendría algunas regalías adicionales como: almorzar en mi casa, tomar once,
ver televisión, escuchar música, usar los electrodomésticos para su uso
personal. Si incluso al tiempo después le enseñé a chatear. O sea, para ella,
desde mi punto de vista, negocio redondo.
Ella, muy sabiamente aceptó. Su desempeño posterior, de 1 a 7, un 10.
Realmente excelente como contratación: cocinera excelente, limpia, honrada,
preocupada. La “nana” casi ideal. Casi, porque todavía le faltaban por
realizar los servicios
más importantes.
En los días posteriores nos conocimos mejor. Primero me empezó a contar de su
vida, su infancia, sus estudios, su familia, sus hijos, para luego ir
profundizando en sus gustos y preferencias. En las noches, yo la iba a dejar a
su casa. Todo marchaba viento en popa.
A medida que los días pasaban, más la forzaba a contarme de ella, hasta que
llegó el día en que sin darme cuenta estábamos hablando de sexo, de nuestras
fantasías de nuestras parejas anteriores. Cuando la conversación empezó a
tomar color rojo oscuro, la llevé más profundo diciéndole que tenía algunas
películas “para mayores” que podríamos ver. Ella aceptó.
Así comenzamos a ver películas pornográficas, lo que desde ese momento se
repitió día a día. Así fue que vimos juntos “Lex el Empalador”, “Bellezas
brutalmente penetradas, “La Mujer Pantera”, “Vacaciones en el
Mediterráneo”, por citar solo algunas.
El siguiente paso fue “tirarle” algunas indirectas. Ella las tomaba con
humor y solo sonreía. Después, empezó ella a tirar sus indirectas. Y bastante
fuertes. Pero todo quedaba ahí.
Hasta que un día me la jugué y le dije sin ningún asco, que me quería
acostar con ella. Le indiqué, que la encontraba una mujer sensual y muy
atraído hacia ella. Lamentablemente para mi, ella me dijo que no podía hacer
eso conmigo, porque yo para ella no era tan solo su patrón, era un amigo y
además yo era mucho más joven que ella y a ella no le gustaban los hombres
más jóvenes.
Tan - Tan. Hasta aquí llegamos dije. Pero todo siguió igual. Seguimos viendo
películas, seguían las indirectas. ¡Ah no!, ¡esta vieja de mierda quiere
cueca!. Me dije para levantarme el ánimo y seguir insistiendo.
Así que comencé a tramar un plan que me permitiría llevar las cosas a un
terreno más propicio.
Era un día sábado a fines de septiembre. Estaba jugando baby-fútbol en una
cancha cerca de la casa. Llegué sudado y sucio. Ahí estaba mi nana: ¡rica la
vieja!.
Le dije que me secara una toalla mientras me bañaba. Así lo hizo. Cuando
estaba en la ducha y ya bañadito, le pedí la toalla. Ella me preguntó que
cómo me la entregaba. Yo le dije que pasara, a lo que contestó con una
pregunta: “¿pero como voy a entrar, usted debe estar desnudo?”. Ante la
consulta, yo le respondí que pasara, que estaba seguro que yo no sería ni el
primer hombre ni el último al que vería desnudo.
Y pasó. Y me miró. Y no se aguantó. Y se sacó la ropa. Y se ducho conmigo.
Que mujer más rica. En la ducha nos besamos, me masturbó, me lo chupó, y no
aguantamos más y nos fuimos al segundo piso donde tengo mi dormitorio.
Ahí me lo siguió chupando: Sentía como la saliva me corría por el pene.
Sentía como me lamía con su lengua mis bolas, que estaban húmedas con tanta
saliva que corría. Me animé y me fui derecho con mi boca a su concha. Faltó
la foto para retratar ese 69.
Después de eso, de un salto se puso encima mío y empezó a darme, sin parar.
Cambiábamos de posición a cada rato, hasta que estando a lo “perro” nos
fuimos. Fue muy rico. Luego de eso, le pedí que me pegara un “chupetiadita”
con semen y
todo. Y me correspondió. Hasta ahí: “guena”, “guena”, “guena”.
Pero no todo terminó ahí. Después de descansar unos minutos, me pidió que
tomáramos una ducha. Yo respondí afirmativamente.
En la ducha me la volvió a chupar, con algo más de suavidad, hasta que me
calentó de nuevo y volvimos a la pieza. Ahí me dio ella. Me mandó cortado
nuevamente y me dijo que quería que se lo metiera por atrás, pero antes que me
aseara. A esas alturas ya empezaba a evidenciar síntomas de estar “pal gato”.
Le pedí ayuda en eso, y vuelta los dos a la duchita. Otra bañadita, chupadita
y a la cama. Recuerdo que antes de meterselo, le metí la lengua hasta el fondo
de su ano. “Puta la vieja caliente”, me decía. Y se lo coloqué.
He tenido sexo anal en varias oportunidades y siempre las mujeres con las que lo
he tenido, me habían pedido “que fuera despacio” o “con cuidado”. Con
esta vieja no hubo ninguna condición, se lo ponía con toda mi fuerza y nada,
pedía más.
Siempre había usado o vaselina o crema o emulsionado. Acá fue a pura saliva.
Insisto, ¡putas la vieja pa’ guena!.
Y llegó el momento de la corrida. Recuerdo esa corrida, porque boté mucho
semen. Nunca me había pasado. Le descargué todo en su ano y después de
sacarlo, le frotaba el pene húmedo por toda su raja. Le quedó empapada. Le
pedí que lo chupara, no habiendo ningún reparo en ella para hacerlo. Y lo
hizo. Me seguía estremeciendo.
Después de eso quería dormir. Me dolía el pene (llevábamos más de dos horas
culeando sin parar, solo interrumpidos por las “bañaditas”) y estaba entero
de mojado en transpiración. Como pude me fui a bañar. Y ahí llego ella. Y
siguió el
cuento. Esa cuarta la hice por cumplirle a la señora.
Después dormimos hasta el otro día. Y vino la “cacha” mañanera.
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Fue un fin de semana que nunca voy a olvidar. Uno siempre tiene sus “cachas”
que lo marcan y que nunca olvida. Yo definitivamente, está, no la voy a olvidar
jamás, porque “putas” que estuvo “guena”. Encontré una mujer a la
medida. En la cama es una leona, y más encima.............cocina bien.
A pesar de los años, tiene una vitalidad asombrosa y es más caliente que la
puta madre.
Después de ese fin de semana, casi no va para su domicilio. Se queda en casa
con papá a pasar la noche. Casi vivimos como matrimonio. Esto, porque ahora no
solo le paso la plata de su sueldo, sino que también le compro ropa y otras
cosas. La
vieja se lo ha ganado.
Me pidió además que le cumpliera su deseo oculto de estar con más de un
hombre en la cama. Así que me encargó la misión de hablar con unos amigos
para cumplirle el sueño. ¡Vieja de mierda caliente¡.
Ahora, me tiene descansando. Se fue a Concepción por una semana a ver a los
nietos. Pero me dijo antes de irse, que me preparara, porque iba a volver con
las pilas recargadas.
Así que tuve que hacer un pedido.
Compré harto milo y yeso. El milo, pa’ que me lo haga más grande, y el yeso,
pa’ que me lo ponga duro.
Ese es mi testimonio. MI pequeño homenaje a una señora que es digna de
levantarle un monumento y prenderle una velita. .....................Esta.